Especial: Todo sobre la Difteria

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Difteria
Difteria

La difteria es una enfermedad infecciosa aguda causada por la toxina (sustancia tóxica) que produce una bacteria llamada Corynebacterium diphtheriae. Es una patología grave que en ocasiones puede causar la muerte.

La bacteria suele colonizar las mucosas de la nariz y la garganta, donde produce inflamación y la formación de unas membranas grisáceas que se adhieren fuertemente a la mucosa, pudiendo dificultar la respiración e incluso conducir a la asfixia.

En algunas ocasiones la toxina de la bacteria (llamada toxina diftérica) puede llegar a la circulación sanguínea, diseminándose al resto del cuerpo y dañando órganos como el corazón, los nervios y los riñones.

Actualmente es una enfermedad rara en los países desarrollados gracias a la vacunación generalizada de la población (vacuna DTaP), y a la mejora de las condiciones higiénicas, aunque en muchos países todavía continúa siendo una enfermedad endémica (es decir, es una enfermedad habitual de esas regiones). Por tanto, la vacunación resulta fundamental para la erradicación de la enfermedad.

Causas de la difteria

La difteria es una enfermedad causada por la bacteria Corynebacterium diphtheriae, que infecta la zona alta del aparato respiratorio y se multiplica sobre las mucosas de la nariz y la garganta. Menos frecuentemente puede afectar a otras zonas como la piel, las conjuntivas o los órganos genitales.

El ser humano es el único reservorio conocido, es decir, es la única fuente de infección a partir de la cual la bacteria se transmite a otras personas (por tanto solo es posible el contagio entre seres humanos). Son potencialmente contagiosos tanto los enfermos de difteria como los portadores asintomáticos (personas aparentemente sanas que no presentan síntomas, pero que están infectadas por el agente infeccioso, por lo que pueden ser fuente de contagio). Una persona infectada puede transmitir la enfermedad hasta dos semanas después de haberse contagiado, aunque este tiempo se puede prolongar hasta cuatro semanas o más en algunos casos. Si reciben un tratamiento antibiótico adecuado el período de transmisibilidad se reduce a uno o dos días.

La bacteria se transmite principalmente por vía respiratoria, de manera que cuando una persona infectada tose, estornuda o habla, libera pequeñas gotas microscópicas, que se propagan por el aire, y que pueden ser inhaladas por las personas que se encuentran próximas, infectándolas. Por ello, el hacinamiento y la mala higiene son factores de riesgo que aumentan la probabilidad de contagio de la enfermedad.

Otra vía de transmisión mucho menos frecuente es a través de objetos contaminados por secreciones de personas infectadas (cepillos de dientes, vasos, etcétera), ya que el microorganismo puede sobrevivir varias horas en el medio ambiente. No obstante, esta vía de transmisión es mucho menos relevante a nivel epidemiológico.

Síntomas de la difteria

El período de incubación, es decir el tiempo que transcurre desde el contagio hasta la aparición de los primeros síntomas de la difteria, suele estar entre dos y cinco días.

Esta enfermedad puede producir dos cuadros clínicos diferenciados: el primero de ellos, mucho más prevalente, afecta al aparato respiratorio (nariz y garganta); el segundo, más raro y característico de países tropicales, afecta fundamentalmente a la piel, por lo que se conoce como difteria cutánea.

Los signos y síntomas de la difteria pueden incluir:

  • Fiebre y escalofríos.
  • Malestar generalizado.
  • Dolor de garganta y dolor al tragar. Un signo característico y distintivo de la difteria es la formación en la garganta y en la parte posterior de la boca de unas gruesas membranas grisáceas, densas y espesas, que están firmemente adheridas a la mucosa y que incluso pueden sangrar si se intentan arrancar. Este material puede llegar a bloquear la vía respiratoria produciendo la asfixia. También se pueden ver afectadas las mucosas de otras regiones como la zona nasal o laríngea.
  • Tos, ronquera, dificultad para respirar.
  • Aumento de la secreción nasal.
  • Inflamación de los ganglios del cuello (adenopatías).

Complicaciones de la difteria

  • Daños en el corazón: la toxina bacteriana puede llegar a la sangre y diseminarse a través de la circulación sanguínea, afectando a órganos del cuerpo humano como el corazón. Puede producir inflamación del músculo cardíaco (miocarditis), llegando en ocasiones a causar la muerte por parada cardíaca. Síntomas como las palpitaciones o el aumento de la fatiga son sugestivos de afectación cardíaca.
    Daños en el sistema nervioso: cuando se ven afectados los nervios pueden aparecer parálisis musculares, lo que se traduce en dificultad para caminar, tragar o hablar. En los peores casos el enfermo puede fallecer por la parálisis de los músculos encargados de la respiración.
  • Daños en el riñón.
  • Difteria cutánea

En la difteria cutánea se ve afectada fundamentalmente la piel y, en menor medida, el aparato respiratorio, el corazón, el sistema nervioso y el riñón. Se caracteriza por la presencia de lesiones inflamadas, enrojecidas, dolorosas, con presencia de úlceras cubiertas por una membrana grisácea.

Esta forma de presentación de la difteria es más típica de países tropicales.

Tratamiento de la difteria

El tratamiento de la difteria debe iniciarse lo más rápidamente posible, de tal forma que si se sospecha que un paciente sufre la enfermedad es fundamental comenzar a tratarla, antes incluso de haber obtenido un diagnóstico definitivo. Con ello se consigue disminuir la mortalidad asociada a la difteria.

Para tratar a las personas infectadas se requiere ingreso hospitalario, siendo además necesario el aislamiento del paciente al ser una enfermedad altamente contagiosa. De esta forma el enfermo permanece más vigilado y se asegura una correcta cumplimentación del tratamiento. En los casos más graves es necesario incluso el traslado del paciente a las Unidades de Cuidados Intensivos.

A parte de medidas de soporte (monitorización de las constantes vitales, oxígeno, líquidos intravenosos, reposo en cama), el tratamiento contra la difteria se basa en dos pilares fundamentales, que son el uso de la antitoxina y los antibióticos:

Antitoxina: se administra de forma intravenosa o intramuscular y con ella se consigue neutralizar la toxina diftérica presente en la circulación sanguínea, que es la que produce las principales complicaciones de la enfermedad (cardíacas, nerviosas, renales).
En algunas personas la antitoxina puede provocar graves reacciones alérgicas, por lo que se suelen realizan pruebas cutáneas de alergia para asegurar que la persona infectada no es alérgica.

Antibióticos: contribuyen a eliminar las bacterias presentes en el cuerpo, disminuyendo así las posibilidades de que el paciente contagie a otras personas. Los antibióticos más empleados son la penicilina o la eritromicina.

Las personas asintomáticas que son portadoras de la bacteria deben recibir también tratamiento antibiótico.

Prevención de la difteria

En el caso de la difteria, una enfermedad que afecta especialmente a los niños, la prevención es primordial, existiendo para ello una vacuna altamente eficaz. De hecho, la protección infantil se acerca al 99% si se cumplen los calendarios vacunales establecidos.

La vacuna DTaP combina las vacunas contra la difteria y otras dos enfermedades graves: el tétanos y la tos ferina. Esta vacuna consiste en un toxoide o toxina inactivada, que no causa daños en el organismo, permite el desarrollo de una memoria inmunológica, e induce a que se produzcan anticuerpos específicos capaces de neutralizar la toxina diftérica y prevenir la aparición de la enfermedad.

Para conseguir que la protección resulte óptima, hay que administrar a los niños cinco dosis de la vacuna DTaP. El calendario vacunal varía en función del país, y en España es el siguiente:

2 meses (difteria, tétanos y tos ferina).
4 meses (difteria, tétanos y tos ferina).
6 meses (difteria, tétanos y tos ferina).
Entre los 15 y los 18 meses (difteria, tétanos y tos ferina).
Entre los 4 y los 6 años (difteria, tétanos y tos ferina).
14 años (difteria y tétanos).

Además, es necesario que los adultos se administren dosis de recuerdo cada diez años. Como esta periodicidad no se suele seguir correctamente, es recomendable que las personas que vayan a realizar viajes a una región en la que pueda existir riesgo de contraer la enfermedad, o aquellas personas que hayan estado en contacto con enfermos de difteria, también se administren una dosis de recuerdo de la vacuna, excepto en el caso de que se hayan vacunado en los cinco últimos años.

La vacuna DTaP es muy segura y eficaz para prevenir la difteria (junto con el tétanos y la tos ferina). Puede presentar efectos secundarios, sin embargo, éstos suelen ser leves. La aparición de reacciones adversas graves frente a la vacuna en niños es de menos de uno entre un millón.

Fuente: webconsultas

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