¿A qué nos referimos con dificultad en la lectoescritura?

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En los últimos años el término “Dislexia” está cobrando gran relevancia dentro del ámbito educativo, debido a que se refiere a una dificultad en la lectoescritura que afecta a un elevado número de niños, quienes presentan problemas a la hora de superar las exigencias educativas.

La dislexia (del griego δυσ- “dificultad, anomalía”; y λέξις, “habla o dicción”) es la dificultad en la lectura que imposibilita su comprensión correcta. Erróneamente el término se aplica a la dificultad para una correcta escritura, en este caso el término médico apropiado es el de disortografía. En términos más técnicos, en psicología y psiquiatría se define la dislexia como una discrepancia entre el potencial de aprendizaje y el nivel de rendimiento de un sujeto, sin que existan cualquier tipo de problema, ya sea sensorial, físico, motor o deficiencia educativa.

Primera distinción. Algunos autores distinguen entre los conceptos de dislexia adquirida, dislexia evolutiva y retraso lector.

La dislexia adquirida es aquella que sobreviene tras una lesión cerebral concreta; mientras que la dislexia evolutiva es la que se presenta en pacientes que de forma inherente presentan dificultades para alcanzar una correcta destreza lectora, sin una razón aparente que lo explique. Por su parte, el retraso lector es un trastorno lector motivado por causas específicas: lectura superficial, mala escolarización, etc.

Los estudiosos Bowers y Wolf (1999,2000) hacen la siguiente distinción, la dislexia es consecuencia de un hecho conocido pero a veces ignorado: no todas las personas mejoran con el mismo tratamiento (tradicionalmente asociado a un déficit fonológico), incluso dentro de un grupo aparentemente homogéneo de disléxicos (disléxicos evolutivos, por ejemplo).

Esto se debe a que la dislexia puede tener su origen bien en un déficit fonológico, o bien en una lenta velocidad de procesamiento (estos últimos individuos tienen problemas al decodificar muchos tipos de información, no sólo texto escrito). Un tercer tipo sería el de “doble déficit”.

Estos últimos tienen los mayores problemas de lectura, ya que reúnen ambos problemas, fonológico y de velocidad de procesamiento.

Según el tipo, existen:

1. Dislexia superficial. Es aquella en la que el sujeto utiliza de forma predominante la ruta fonológica. La ruta fonológica es aquella que nos permite leer las palabras regulares a partir de segmentos más pequeños; (sílabas).

2. Dislexia fonológica. Es aquella en la que el sujeto utiliza de forma predominante la ruta visual para leer las palabras. La ruta visual es aquella que nos permite leer de manera global (sin dividir la palabra en partes) palabras conocidas. Esto lleva a dificultades en todas aquellas palabras no conocidas o inventadas.

Otros trastornos en las dificultades de aprendizaje (D.A.) y asociadas a la conceptualización de este tema, son:

• Agrafia: trastorno relacionado con la escritura

• Discalculia: trastorno relacionado con las habilidades aritméticas.

• Dismapia: Dificultad para leer los mapas y encontrar lugares, relacionado con la confusión de los puntos cardinales o con la orientación espacial.

• Disperflexia: Afasia moderada que abarca un espectro de trastornos.

Según el momento de diagnóstico, se refiere:

1. Dislexia específica. Que se manifiesta en el período de aprendizaje de la lectura.

2. Dislexia de comprensión. Que se manifiesta en períodos posteriores al aprendizaje de la lectura y que no permiten una comprensión óptima de lo que leen.

Sobre el diagnóstico de la dislexia

En el diagnóstico de la dislexia, es crucial la implicación de los maestros; ellos son los que más oportunidades tienen de detectar cualquier indicio de que el niño presenta una dificultad y, por tanto, de poner sobre aviso a la familia de manera precoz.

Una vez que existe la sospecha de que pueda tratarse de un trastorno de este tipo, deberán descartarse otras posibilidades como:

• Una visión defectuosa, una audición deficiente, lesiones cerebrales no diagnosticadas, un coeficiente intelectual inferior a lo normal, trastornos emocionales, presencia de alguna otra patología que influya en el aprendizaje (dolores o malestar que disminuyan la capacidad de concentración).

• Métodos educativos inadecuados.

• Una entrevista con la familia es también muy recomendable, ya que esto permitirá valorar las condiciones del entorno del niño y su posible influencia en los síntomas observados: embarazo complicado, nivel socio-cultural, clima afectivo, etc.

Una vez descartada la presencia de otras anomalías, se procederá a evaluar las características de la enfermedad mediante distintos test y pruebas para su diagnóstico. Para ello, conviene que el pediatra te derive a un logopeda especializado que realice dichas pruebas:

• Test de Frostig. Se emplea en niños de cuatro a siete años. Este test se realiza para estudiar el desarrollo de la percepción visual. Evalúa la coordinación visio motora, las relaciones espaciales, etcétera.

• Test de análisis de lectura y escritura. Son distintos test que detectan los métodos de lectura y escritura del niño, así como los mecanismos que no están funcionando correctamente. Los test de lectura se aplican en niños de menor edad que los test de escritura.

• Test de comprensión lectora. Se utiliza con niños de seis o siete años, para evaluar su nivel de comprensión a la hora de descifrar un texto.

También cabe la posibilidad de evaluar las deficiencias en la capacidad psicomotriz por medio de pruebas como:

• Test de estructuras rítmicas de Mira-Stambak. se realiza para diagnosticar la percepción temporal. Consiste en evaluar la capacidad del niño para crear un ritmo de forma espontánea, para reproducir un ritmo creado por otra persona, y para comprender las estructuras y simbolismo del mismo.

• Pruebas de dominancia lateral. basadas en estudios de movilidad y flexibilidad de los músculos, pruebas de ejecución de órdenes (enfilar cuentas, repartir cartas, saltar sobre un pie…).