Muere Enrique de Dinamarca, el príncipe esposo de la reina Margarita II

0
537

El príncipe Enrique de Dinamarca, esposo de la reina Margarita II, murió en la noche del martes en su casa a los 83 años, según ha informado la Casa Real danesa. La salud del príncipe se había deteriorado mucho en los últimos meses y sufría una demencia que provocó su retiro de la vida pública. Nacido en Francia, conoció a Margarita cuando era diplomático en Londres. Se casó con la actual reina en 1967 y tuvieron dos hijos, pero nunca se sintió cómodo con su papel que él consideraba de “segundón” o de “florero”.

“Su alteza real, el príncipe Enrique, murió el martes 13 de febrero a las 23.18 (hora local) en el castillo de Fredensborg”, residencia oficial situada a unos 40 kilómetros al norte de la capital danesa, indicó la casa real, que precisó que en el momento de su muerte estaba acompañado de su mujer y de sus dos hijos.

El príncipe Enrique fue diagnosticado con un tumor benigno hace dos semanas. Pero no fue hospitalizado hasta varios días después por una enfermedad que comenzó durante un viaje privado a Egipto. Poco antes de su muerte, fue trasladado desde Hospital de Copenhague al castillo de Fredensborg para que pasara sus “últimos días”.

Nació como Enrique de Laborde de Monpezat, hijo del conde André de Laborde de Monpezat, periodista y agricultor, y de Renee Doursenot. Unos padres viajeros le llevaron a pasar su infancia en la Indochina francesa. De regreso se licenció en derecho y ciencias políticas en la Sorbona y, de nuevo se marchó para pasar largas temporadas en China y Vietnam donde estudió las lenguas vivas orientales.

Fue famoso por sus excentricidades. Grabó un tema al piano con un grupo de rock, se le ha visto pasear por Christiania, un asentamiento de Copenhague donde se vende hachís y se disfrazó de oso panda en una gala del Fondo Mundial para la Naturaleza. También era un descarado. Famoso es aquel posado familiar en el que ante cientos de cámaras hizo un gesto de burla a los periodistas sacando la lengua y tirándose de las orejas. Le valió una bronca en público de la reina.

En los últimos años antes de que su salud se lo impidiera, Enrique se dedicó a sus dos grandes pasiones, el arte y el vino, que elaboró en su castillo francés.

Fuente: El País