Xenofobia: mal que enaltece el lado primitivo de una sociedad y aviva la sinrazón

Cuando un individuo asesina a alguien su nacionalidad es irrelevante. Acá lo que prima es la acción, la cual recae en quien la ejecutó

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Ilustración de Edo

La xenofobia es un mal que corroe las almas y saca el lado más primitivo de la humanidad. Las acciones enfocadas en torno a esta fobia, solo revelan los antivalores que navegan aún en las mentes de muchos y que se afianzan en un hecho para sacar a flote un comportamiento que debe ser repudiado.

Lo sucedido en Ecuador y evidenciado en los vídeos que rodaron por las redes sociales, mostrando a ciudadanos de esta nación sacando y golpeando a venezolanos de las viviendas donde se hallaban alquilados, es un fiel reflejo de cómo la sinrazón puede ganar terreno, escudada en un acontecimiento que solo le compete a una persona.

Fue el asesinato de Diana, joven de 22 años, embarazada, perpetrado por un ciudadano venezolano, lo que desató las acciones violentas y de rechazo contra este grupo de extranjeros, lo cual indignó a muchos — tanto dentro de Ecuador como en otras naciones– pues el comportamiento de un individuo no puede ser generalizado, ni mucho menos empleado para discriminar a un grupo.

Cuando un ser humano asesina a alguien su nacionalidad es irrelevante. Acá lo que prima es la acción, la cual recae en quien la ejecutó y debe, en este sentido, recibir el peso de la ley.  El suceso, además, puede ser calificado de abominable, monstruoso, o con cualquier otra palabra que encaje, mas no puede ser un elemento usado para recriminar a quienes por tener la misma nacionalidad fueron vistos como culpables y señalados de forma injusta.

«Los justos no pueden pagar por los pecadores», reza un refrán, el cual empleó la cantante Olga Tañón en un concierto celebrado en Ecuador, donde aprovechó la oportunidad para alzar su voz en defensa de los venezolanos, recalcando, a la vez, que en todas las naciones hay gente buena y mala.

Otro punto a poner sobre el tapete, fue el comunicado emitido por el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, tras el asesinato de Diana. Es de aplaudir que un mandatario manifieste su apoyo hacia la ciudadanía, garantizando que el responsable pagará por el crimen; sin embargo, es reprochable que en el mismo texto alegue que a los «venezolanos le hemos abierto las puertas, pero no sacrificaremos la seguridad de nadie». Con esa frase, Moreno generalizó y encerró a este grupo es un solo nicho, propiciando así comportamientos xenófobos que abundaron en las últimas horas en Ecuador.

En ese apartado, el jefe del Estado debió ser más cauto y responsable, pues su voz posee una gran peso frente a la sociedad que representa. Es de entender que los migrantes deban presentar los documentos que el país que los recibe, exija; pero lo que carece de razón y lógica es que se pretenda meter, coloquialmente dicho, en un «mismo saco», a un colectivo. Quizá no fue su intención, pero sí se precipitó y dio pie a un revuelo innecesario.

Todo país, toda sociedad, debe arrancar de sus raíces cualquier asomo de xenofobia. Se trata de un mal que solo enaltece el lado primitivo de una sociedad y aviva la sinrazón.

Jonathan Maldonado, periodista.