Jason Howe: El fotógrafo que viajó a Colombia a cubrir el conflicto armado y terminó enamorado de una asesina

"Hubo una conexión inmediata. Ella hablaba, se reía mucho. Era atractiva", contó el joven quien, al principio, desconocía el lado oscuro de su pareja

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Jason Howe nació y creció en un pueblo de Reino Unido. Allí aprendió el arte de la fotografía, el cual sería, por así decirlo, su primer amor.  De ese idilio, tras varios años de práctica en una empresa dedicada a este rubro, llega el trabajo ideal: congelar con su cámara lugares de ensueño.

Sin duda, era un oficio que disfrutaba a sobremanera; pero como es normal es los seres humanos buscar cambios, Howe quiso probar algo distinto, sumergirse en otras aguas, quizá más profundas y menos quietas. Quería más adrenalina y optó por el riesgoso camino de lanzar flashes en el conflicto interno colombiano.

Su idea se cristalizó. Viajó a Colombia, y en su primer intento, obtuvo permiso de un grupo de las Farc que le dio luz verde para que registrara sus pasos. Luego, se dirigió hacia la frontera con Ecuador para hacer algunas fotografías con los paramilitares. En su recorrido para llegar al lugar, intercambió miradas con una fémina que tomaría el mismo autobús; su nombre era Marilyn, la asesina que robó su corazón.

Marilyn le ofreció la casa de su padre como hospedaje. Jason aceptó, y sin preverlo, empezó a enamorarse de la chica, quien tenía una hija. Con el tiempo, la relación tejió los lazos normales y esperados de un sentimiento recíproco. Empezaron a compartir las noches en un hotel que el fotógrafo prefirió escoger como residencia.

«Hubo una conexión inmediata. Ella hablaba, se reía mucho. Era atractiva», contó el joven quien, al principio, desconocía el lado oscuro de su pareja. «No había ninguna señal de que ella estaba conectada con los grupos paramilitares. Y si en algún momento lo mencionó, claramente no lo entendí», dijo a BBC Mundo.

Confesión inesperada

En uno de esos amaneceres que veían florecer juntos desde el hotel donde dormían, Marilyn le soltó, sin anestesia, un secreto.»Me dijo que era un miembro activo de los paramilitares, que antes usaba uniforme, y que había estado luchando en la selva».

«Ahora, me dijo,  era parte de una célula urbana y su trabajo era eliminar informantes. Se había convertido en una asesina».

A eso se dedicaba Marilyn, a acabar con las personas que le ordenaban los paramilitares. Era una especie de espía que fulminaba sin piedad.

«Tenía varias pistolas. Una en la casa y otras escondidas en la ciudad, para no tener que pasar ningún puesto de control cargando un arma».

Entre las revelaciones, detalló que había asesinado a gente con cuchillos, o que los había inyectado con jeringas para causarles un embolismo.

Describió que los cuerpos eran desmembrados y esparcidos en distintos lugares para dificultar la identificación.

«En ese momento no lo encontré tan chocante. Cuando pasas tiempo en zonas de conflicto, conoces gente que parece completamente normal, pero son parte del conflicto. Muchos de ellos son asesinos», sentenció Jason Howe.

«Todos sabemos que el conflicto en Colombia se trata de asesinatos. En ese momento no me sentí tan crítico. La vi como una víctima de las circunstancias».

Sin embargo, todo cambió y se tornó siniestro para el fotógrafo, al conocer de boca de Marilyn que también mataba por dinero y más aún cuando supo en qué lo invertía: «ropa, maquillaje…». Él pensaba que la respuesta iba a ser: `para sacar a mi hija adelante´, pero no fue así, ganó la superficialidad.

Si le pagaban por matar al amante de alguien, Marilyn no dudada, lo ejecutaba. Igual si tenía que hacerlo contra un amigo o pariente. Así lo contó en un documental en el que usó un pasamontañas, producido por un griego a quien conoció Howe y a quien le sirvió de entrevistador.

Tras los reclamos que le haría Jason, la chica se sintió acorralada y lo apuntó con una de sus armas. Sin miedo, el fotógrafo le pidió que disparara, pero ella sonrió y bajó la pistola. Incluso, le preguntó: «Por qué no me temes».

Este panorama hizo que la confusión y la decepción se apoderaran de Howe y lo empujaran a abandonar Colombia. Así lo hizo.

Regresó a su tumba

Unos meses de descanso fueron suficientes para el fotógrafo. Retomó  sus labores y se internó en otro conflicto, en Bagdad. 

Llevaba seis meses en estas tierras, cuando recibió un email de Marilyn, quien le decía que deseaba desvincularse de los paramilitares y de su «trabajo»; sin embargo, argumentaba que no era fácil, pues podían matarla.

Jason Howe, movido por los horrores que había visto en Bagdad y por todo lo que envolvía a quien llegó a ser su amor, decidió ignorar el correo.

Con tiempo, al ver que no le llegaban más correos, decidió enviarle algunos, pero la situación fue igual: no había respuesta. 

«Regresé a la casa familiar. Los ojos de su padre se llenaron de lágrimas cuando me vio y me dijo que su hija había muerto».

«Fui con su madre y su hija a poner flores en su tumba. Fue enterrada sobre su hermana, que también había sido asesinada como parte del conflicto, y al lado de otra hermana que murió de causas naturales cuando era bebé».

«Los paramilitares la apedrearon, acusándola de ser una informante», le contó una mujer.

Así fue el final de Marilyn. Por fortuna, su hija, se deslindó de tan sombrío pasado. Estudia en la universidad y de vez en cuando comparte algunos correos con quien, de niña, llamaba «el gringo» y a quien se le colgaba en su espalda: Jason Hawen.

Redacción: esmasvida

 

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