Osteoporosis: Una epidemia silenciosa

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Según la Sociedad Española de Reumatología, la osteoporosis es una enfermedad esquelética que produce una resistencia ósea que predispone a un aumento de riesgo de fracturas. El hueso se vuelve más poroso, con más aire en su interior, aumentando el número y el tamaño de las cavidades o celdillas que existen en su interior. De esta manera los huesos se hacen más frágiles, resisten peor los golpes y se rompen con mayor facilidad.

Se denomina epidemia silenciosa porque no manifiesta síntomas hasta que la pérdida de hueso es tan importante como para que aparezcan fracturas, y esto habitualmente ocurre muchos años después de la menopausia.

Una alimentación con ausencia de calcio y una vida sedentaria llevarían a que los adultos mayores padezcan de osteoporosis, siendo estos totalmente prevenibles si se adoptasen hábitos saludables desde jóvenes, sabiendo que cerca del 90% de masa ósea se obtiene alrededor de los 18 años de edad.

Esta enfermedad puede afectar a cualquier persona, incluidos niños y adolescentes, varones a cualquier edad y mujeres premenopáusicas.
Las mujeres tienen un riesgo cuatro veces mayor que los hombres de desarrollar osteoporosis, especialmente tras la menopausia.

Las actividades físicas a temprana edad ayudan a la prevención y tratamiento de la osteoporosis, propias de la tercera edad, ya que el estimulo mecánico durante la actividad física, garantiza la entrada y fijación de calcio a los huesos, indican diversos estudios a nivel mundial.

Entre las posibles causas de esta enfermedad se encuentran: Antecedentes familiares, edad avanzada, estructura ósea pequeña o ser muy delgado, dieta pobre en calcio, padecimiento de ciertas enfermedades como diabetes, hipertiroidismo, enfermedad de Cushing, artritis reumatoide, intolerancia a la lactosa, malabsorción intestinal y alteraciones renales.

El sedentarismo ayuda directamente a que el problema de los huesos sea mucho más agudo. Por eso se recomienda la actividad física como mecanismo de prevención. La clave está en hacer ejercicio suave cada día durante, al menos unos 20 minutos.

Para prevenir esta enfermedad también es recomendable comer más sano. Se debe adecuar la dieta a las necesidades derivadas de esta enfermedad ingiriendo alimentos ricos en calcio, como los lácteos, así como el aporte de vitamina D. Necesitamos comer alimentos como las sardinas, los vegetales verdes, salmón, almendras, higos entre otros.