¿El amor tiene fecha de vencimiento?

El amor no se acaba, lo que hay que hacer es aprender a relacionarse, a comunicarse, a manejar las diferencias, a permitir que la única rutina que exista sea la de amarse.

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Muchas personas afirman que es así, que al cabo de un tiempo ya nada parece ser igual, la rutina comienza a invadir la relación en todos sus ámbitos, incluido el sexual. El día a día, los problemas, los hijos, la dinámica de la convivencia, entre otras cosas, parecieran robar protagonismo a los encuentros, a las ganas de verse, a la pasión, a esas mariposas en el estómago que parecen desaparecer. Muchos, incluso, hacen chistes con esa situación refiriéndose al matrimonio o a la convivencia como la tumba del amor.

La pasión sexual muchas veces toma el rol de ahora no puedo, estoy cansada, me duele la cabeza o, peor aún, se viste de chantaje o castigo hacia la pareja sobre algo que hizo y que tenemos que castigar. Detalles que antes eran pasados por alto se pueden transformar en insostenibles: ¿hasta cuándo debo decirte que no tires ropa en el piso? puede dar origen a una batalla campal.

Según el psicólogo y escritor español Rafael Santandreu: “Lo ideal es cambiar de pareja cada cinco años” porque “las relaciones se vuelven aburridas, rutinarias e infelices”, planteamiento que desde mi perspectiva conlleva una creencia bastante irracional y limitante sobre el amor, porque no es el amor el que tiene fecha de caducidad, lo que sí vence es el enamoramiento.

Cuando nos enamoramos, el despliegue hormonal es inmenso: la dopamina, testosterona, norepinefrina, etc., son producidas en grandes cantidades por nuestro cerebro, y desde allí nos llevan a sentirnos vivos, eufóricos, felices, viendo al mundo color de rosa.

En esta etapa de enamoramiento podemos llegar a creer que hemos encontrado a la persona perfecta, porque esa descarga hormonal nos lleva a idealizar y convertir a ese ser en el centro de nuestro mundo, y la pasión sexual rompe límites, lo cual por supuesto es muy placentero; pero esta sobrecarga química va a ir en descenso, y la pregunta es: ¿se me fue el amor? Después de esta etapa ¿qué? Pasa un año, año y medio, y comenzamos a ver cosas que antes pasaban desapercibidas. ¡Abrimos los ojos!

Algunas personas piensan, entonces, que se murió el amor, o se acabó la magia. Unos deciden terminar, otros deciden aventurarse a ser infieles buscando en otros cuerpos esa magia perdida, pero lo que no entienden es que hay metamorfosis, y que el cambio que se produce, si se sabe llevar, es mucho mejor y más profundo que el enamoramiento.

De la locura química al sentimiento profundo, sentimiento que se transforma en una decisión de amar, de ser cómplices, de ser equipo y de, por supuesto, avivar constantemente la leña para que el fuego de la pasión se mantenga ardiendo. ¿Es esto posible? La respuesta es un sí rotundo, siempre y cuando los dos lo decidan y cuiden los aspectos que hay que cuidar.

El amor de verdad comienza cuando termina el enamoramiento, y este sentimiento une más que veinte minutos debajo de las sábanas. La apuesta a ganador es que se puede reaprender a ser felices en pareja. El amor no se acaba, lo que hay que hacer es aprender a relacionarse, a comunicarse, a manejar las diferencias, a permitir que la única rutina que exista sea la de amarse.

La invitación, entonces, es a decidir y elegir y apostar por tu relación de pareja, porque solo desde allí se abrirá la puerta de oportunidades increíbles para disfrutar del amor en cada una de sus fases.